Feed ME to the Algorithm, 2025


· Feb25-Feb26 – Realizada a lo largo de la residencia artística de larga estancia en Roca Umbert, Fàbrica de les Arts – Granollers

· Ene-Marz2026 – Exposición Allò que no s’anomena: viure entre les expectatives i el patiment – Roca Umbert, Fàbrica de les Arts – Granollers

· Marzo2026 – Catálogo de la exposición

Fotografía de Pere Grimau

CAST
Feed ME to the Algorithm es una instalación que consta de varias piezas, siendo la principal un espacio virtual interactivo desarrollado en Unity que sumerge al usuario en un bucle, donde la sensación de desorientación se intensifica con el paso de los segundos en pantalla. En un entorno en primera persona, el jugador camina por un espacio que parece ofrecer la posibilidad de avanzar, pero en realidad lo atrapa, expulsando, moviendo y desorientándolo cada vez más. El espacio virtual se transforma en una experiencia cargada de estímulos visuales y sonoros, construyendo una atmósfera de saturación, a través de una invasión de imágenes y vídeos que abordan la representación de la mujer en las redes sociales y las expectativas de belleza y «cuidado personal» que se les presentan. Imágenes de mujeres extraídas de Pinterest, vídeos con discursos sobre feminidad, memes irónicos sobre la clean girl (Browning, 2024), una estética minimalista que idealiza hábitos «saludables» y una feminidad discreta, y audios de TikTok se van acumulando en capas superpuestas, generando una sensación de sobrecarga y opresión.

La obra funciona como una crítica a la presión social que recae sobre las mujeres jóvenes y adolescentes en Internet y sus efectos sobre la salud mental. Lo que en un principio se presenta como contenido inspirador y aparentemente inofensivo, pronto se revela como una construcción inalcanzable que exige un esfuerzo constante para mantenerse dentro de los límites de la estética y la identidad impuestas. En lugar de ofrecer una narrativa tradicional con un desenlace claro, la obra empuja al usuario a experimentar directamente la repetición y el agotamiento que genera la búsqueda de una validación externa que nunca es suficiente, a través de una especie de algoritmo hiperacelerado. La instalación física recrea un escenario de habitación clean girl al mismo tiempo que transmite la idea de bed rotting, práctica de pasar largas horas en la cama sin producir ni socializar, asociada tanto al «autocuidado» irónico como al agotamiento emocional. La interacción con el espacio virtual ocurre desde un portátil mientras el cuerpo yace en la cama en una postura incómoda, rodeado de objetos acumulados de consumo rápido y belleza artificial. La escena evoca la experiencia de hacer scroll durante horas en TikTok o navegar sin sentido por redes sociales, en la inercia que impone el algoritmo, que atrapa y paraliza a la vez. Alrededor, los objetos recomendados por influencers para un día de calma y bienestar, disponibles en tiendas como Shein o Temu, de consumo rápido y barato: extrañas máscaras con luz, artilugios de todo tipo para despertar perfectamente peinada, cojines y tazas de Hello Kitty, luces creadas solo para hacerse buenas selfies… componiendo un cuadro de comodidad artificial.

ENG
Feed ME to the Algorithm is an installation composed of several elements, the main one being an interactive virtual space developed in Unity that immerses the user in a loop in which the sense of disorientation intensifies with every second spent on screen. In a first-person environment, the player walks through a space that appears to offer the possibility of progression, but in reality traps them, repeatedly expelling, shifting and disorienting them. The virtual space becomes an experience charged with overlapping visual and sound elements, which create a sensation of saturation through a flood of images and videos addressing representations of women on social media and the expectations of beauty and “self-care” imposed on them. Images of women sourced from Pinterest, videos featuring discourses on femininity, ironic memes about the clean girl (Browning, 2024) – a minimalist aesthetic that idealizes “healthy” habits and discreet femininity – and TikTok audio clips accumulate in overlapping layers, generating a feeling of overload and oppression.

The work functions as a critique of the social pressure placed on young women and adolescent girls on the Internet and its effects on mental health. What initially seems to be inspiring and seemingly harmless content soon reveals itself as an unattainable construct that demands constant effort to remain within the boundaries of an imposed aesthetic and identity. Rather than offering a traditional narrative with a clear resolution, the work pushes the user to directly experience the repetition and exhaustion produced by the pursuit of external validation that is never sufficient, through a kind of hyper-accelerated algorithm. The physical installation recreates a clean girl bedroom scene while simultaneously conveying the idea of bed rotting, the practice of spending long hours in bed without doing anything or socializing, associated with ironic “self-care” and emotional burnout. Interaction with the virtual space takes place via a laptop while the body lies on the bed in an uncomfortable position, surrounded by accumulated fast consumption and artificial beauty objects. The scene evokes the experience of scrolling for hours on TikTok or aimlessly browsing social media, caught in the inertia imposed by the algorithm, which both traps and paralyses. Around the viewer, objects recommended by influencers for a calm, wellness-oriented day – available from fast and cheap retailers such as Shein or Temu – appear: strange light masks, gadgets designed so that you wake up perfectly groomed, Hello Kitty cushions and mugs and lights created solely to take good selfies, all composing a tableau of artificial comfort.


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